Desinformación: mucho más que fake news

Expertos nacionales e internacionales abordarán la crisis de la desinformación en una instancia única propuesta por la Academia; desde los contenidos, pasando por las plataformas, hasta los aspectos informáticos. El objetivo es comprender y diagnosticar para, eventualmente, recomendar acciones desde la comunicación.

Fecha: 03/09/2019
https://www.youtube.com/watch?v=dj-4ZlRffMM

“Como suele ocurrir al comienzo de cada nueva época se producen confusiones, desajustes y una diversidad de problemas que las instituciones no siempre logran abordar con eficacia”, explica el coordinador académico de la Licenciatura en Comunicación orientación Periodismo e impulsor del coloquio, Mag. Daniel Mazzone.

Pensar el nuevo escenario en sus diversos planos e implicaciones constituye la razón principal de este coloquio y la forma en que, entendemos, la academia puede contribuir socialmente.

La propuesta es abordar el tema desde tres paneles: “Dimensiones de la crisis de la desinformación”, “Las plataformas ¿son parte del problema y/o de la solución?” y “Ciberseguridad, la privacidad en el uso de los datos y la confianza de los usuarios”. Académicos y expertos de la región dialogarán con referentes locales en la búsqueda de respuestas. Por ejemplo, se destaca la presencia de la argentina Laura Zommer, directora ejecutiva y periodística de Reverso y de Chequeado, la primera iniciativa de fact checking de América Latina; del chileno Eduardo Arriagada, decano de la Facultad de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica de Chile; y del argentino Mario Riorda, director de la Maestría en Comunicación Política en la Universidad Austral.

Hablar con voz propia

La crisis de la desinformación se produce, según explica el Mag. Daniel Mazzone, entre dos momentos: la llegada de las plataformas y cuando empiezan a advertirse las consecuencias del descontrol (2005-2015). “Desde ese entonces, se profundiza la recirculación textual, a partir de estas grandes compañías que empezaron a realojar en su seno, no solo a los usuarios, sino también a los propios medios”.

Todo lo que antes circulaba a nivel de impresos o de broadcasting, apunta Mazzone, “en redes muy controladas”, con la llegada de las plataformas pasó a estar “totalmente descontrolado”.

Antes era normal, trivial, cotidiano para nosotros confiar en que lo que se nos decía y se publicaba; hoy directamente no tenemos idea.

Sobre esta crisis y su abordaje, Mazzone enfatiza en que la Academia debe hacerse cargo de la discusión, algo que aún no ha sucedido.

“Este coloquio es un primer paso. Hay que estudiar, conectarse con la gente que está pensando más profundamente estos temas y empezar a hablar con voz propia”, sostuvo. “Estamos en Uruguay, en América Latina, no podemos aceptar de forma automática lo que viene de las academias de países desarrollados. Ese es un paso que también tenemos que dar: aprender a hablar con la voz propia. Dejar de repetir cosas que han investigado otros y empezar a generar nuestras propias investigaciones, asociaciones, conexiones. Y empezar a aportar nuestro punto de vista”.

La desinformación —agrega— es un asunto que se ha circunscripto solo a las fake news y es erróneo plantearlo así. “Se le puso ese rótulo sin advertir que es un tema mucho más vasto, que toca resortes medulares de la sociedad”.

Es en ese sentido que el coloquio abordará asuntos que no solo refieren a los contenidos: también se discutirá de plataformas y de regulación. “Una de las preguntas que vamos a tratar de responder es: ¿se puede regular esto?, ¿se puede limitar?, ¿se puede controlar?, ¿hay posibilidades que le pongamos una manija para que la sociedad se apodere del control?”. En el panel moderado por Mazzone —integrado por expertos de la industria privada, el Estado y del análisis del ciberdelito— se tratarán temas de privacidad, de inteligencia artificial, sobre el funcionamiento algorítmico.

Una crisis que no solo es del periodismo

En los últimos 50 años, el impacto que ha tenido la irrupción de la tecnología en la industria de la comunicación ha sido enorme, apunta Gonzalo Sobral —business development de Idatha—, moderador del primer panel de la tarde, denominado “Dimensiones de la crisis de la desinformación”. Por un lado, indica que “ha sido fantástico por las posibilidades que ha abierto", pero también "absolutamente letal para lo que era, en muchos casos, la producción industrial de información”.

Muchos medios en distintas partes del mundo no lograron adaptarse a estos cambios, apunta, lo que ha tenido efectos sobre la producción de contenidos, sobre los medios (como empresas) y también sobre el trabajo de los periodistas, que se vio sobrecargado. “Con esas condiciones siempre es posible que se esté afectando la calidad del producto que se entrega, por mayor esfuerzo que hagan las personas”. Adjudicar la crisis de la desinformación únicamente al periodismo resulta injusto, resume Sobral.

Tomar conciencia

En tanto, las plataformas juegan un papel fundamental. Su incidencia en la vida cotidiana es algo sin precedentes: “Hablamos de desinformación porque ahora tomamos conciencia”, manifiesta Carlos Álvarez, socio director de Idatha y moderador del segundo panel.

Entendimos lo que pasó con el Brexit, comprendimos las implicancias de la desinformación en las elecciones ganadas por Trump. Las plataformas son claves si las pensamos como herramientas formadoras de opinión. Hay quienes siguen pensando que lo ‘real’ y lo digital van separados, y ese es otro de los grandes problemas: ya no existe esa diferencia; todo es real, todo es digital.

Las plataformas, plantea Álvarez, son extensiones de la vida de la persona. Las opiniones que se forman leyendo Facebook son las que se trasladan a otros momentos, no solo digitales. “Las plataformas tienen incidencia, para bien o para mal”.

El panel que va a moderar se titula “Las plataformas ¿son parte del problema y/o de la solución?”. En su opinión, son parte del problema. “Pueden ser parte de la solución si se lo proponen. Hoy los intentos de combatir la desinformación son escasos. Tienen grupos de verificadores, revisando los posteos que pueden resultar conflictivos. Precisamos más. Estamos hablando de empresas que pueden comprender lo que voy a querer antes incluso de que yo lo piense”.

El problema está en que las plataformas son un negocio, señala. “Nunca nos podemos olvidar de eso. Y como tal, ser prohibitivas no es bueno para el negocio. El tema está en que esos miedos de no involucrarse de lleno detrás de esta cruzada son, sin dudas, medidas cortoplacistas; ya que no están pensando en la relación con sus usuarios. Esto puede hacer que su crecimiento se detenga, como le sucede a Facebook actualmente”.

Los usuarios también deben asumir su responsabilidad. “Un estudio del MIT explica que la desinformación se amplifica más por la psicología humana que por los bots que circulan en una red social”, ejemplifica Álvarez. “Otro estudio comenta que, del total de personas que han compartido artículos falsos, el 85 % solo ha leído el titular. Esto sucede porque estamos perdiendo nuestra capacidad crítica o porque nos interesa creer lo que nos dicen. En cualquier caso, somos tan responsables de la desinformación como las plataformas en las que circulan”. 

La desinformación como crisis

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