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A pura letra: tipografías de docente entre las elegidas de Google

11/04/2012
Ser reconocido por la empresa Google ya es un mérito por sí mismo, un gran premio al esfuerzo que muchas veces demandó muchos años. Este es el caso de las tipografías Económica y Chau Philomene One, que desde marzo de 2012 forman parte de las Google Web Fonts, siendo las primeras publicadas en ese sitio creadas en Uruguay. Su autor es Vicente Lamónaca, docente y graduado de la Licenciatura en Diseño Gráfico, de 35 años de edad.

Ser reconocido por la empresa Google ya es un mérito por sí mismo, un gran premio al esfuerzo que muchas veces demandó muchos años. Este es el caso de las tipografías Económica y Chau Philomene One, que desde marzo de 2012 forman parte de las Google Web Fonts, siendo las primeras publicadas en ese sitio creadas en Uruguay. Su autor es Vicente Lamónaca, docente y graduado de la Licenciatura en Diseño Gráfico, de 35 años de edad. Asimismo, tres graduados y un egresado de la carrera esperan que próximamente se incorporen sus propias tipografías. “Solo puedo sentirme satisfecho de haber ayudado a acercarlos a la materia: sus trabajos superan con mucho lo que yo pude enseñarles”, indica Lamónaca sobre sus ex alumnos.

¿Desde cuándo le gusta diseñar?

No tengo noción clara de ello. Desde siempre me gustó prever, organizar, racionalizar... dar un sentido funcional a las cosas. Y esa es, casi, mi definición de diseño (aunque hay otras definiciones). De alguna manera siento que siempre estuve predispuesto a tener una mentalidad de diseñador, incluso desde antes de tener noticia de que existía esta profesión.

Y particularmente, ¿desde cuándo le atrae el diseño gráfico?

Por más que mi formación sea específicamente en el ámbito gráfico antes me siento "Diseñador". Pienso que las distintas ramas del diseño comparten un fin: hacer la vida mejor. Si tuviera las habilidades para ser, por ejemplo, diseñador industrial, creo que cambiaría sin extrañar nada particular de lo gráfico. Veo al diseño gráfico más vinculado a la calidad de vida que a la comunicación de manera particular. Sé que no todos los diseñadores pensarán igual... pero esa es mi visión.

Usted menciona en una entrevista que le realizó el portal Insitu, de la Facultad de Comunicación y Diseño, que la tipografía Económica fue hecha pensando en la impresión gráfica; ¿comó fue el proceso de convertir esa tipografía para su uso en la web?

En realidad, por más que la premisa en mi caso fue la de una tipografía pensada para impresión, las plataformas tecnológicas que se utilizan hoy en día permiten un traspaso, la mayoría de las veces simple entre ambas situaciones. Pensemos que todas las tipografías diseñadas antes de 1980 fueron pensadas para impresión, no para pantalla (desde las más antiguas como Garamond hasta las más "contemporáneas" como Helvetica, por citar dos de las más famosas).

El tema central al momento de diseñar para una u otra plataforma es dónde se testea. En el caso de Económica fue testeada en situación de impresión, lo cual significa someterla a los mismos papeles, en las mismas imprentas y en los mismos tamaños en que sería utilizada durante todo el proceso de diseño. Más concretamente fue una tipografía pensada para su uso en papel de diario (en impresión rotativa a un tamaño de 7,5 puntos tipográficos). Esta es una situación bien concreta que influyó en determinadas decisiones morfológicas, lo cual implicó la utilización de lo que se denomina "trampas de tinta" que son una especie de "trucos" empleados para que la forma impresa se asemeje a la pensada por el diseñador.

Cuando vemos estas trampas en pantalla, ellas confieren una morfología peculiar a determinados rasgos de la letra, lo que dota a la tipografía de una personalidad determinada. Ya muchos colegas me habían manifestado que Económica les resultaba una tipografía interesante para usar en tamaños mucho más grandes del que yo había previsto originalmente, es decir explotando esas particularidades morfológicas (que en la versión de 7,5 puntos se hacen justamente para que no sean percibidas por el ojo humano). De allí a su uso en web, en este caso, no hubo mucho para cambiar.

Justamente, cuando usted empezó a trabajar en el área del Diseño Gráfico, la web no existía. ¿Cómo es la adaptación de los diseñadores gráficos al nuevo panorama y necesidades que generó la aparición de la web conjuntamente con la universalización de internet?

Cuando me recibí internet estaba iniciándose. Yo cursé una carrera que comenzaba a adaptarse a la realidad futura de la web pero no llegábamos a comprender cabalmente el impacto que tendría. Hay diseñadores gráficos totalmente adaptados al mundo web. La currícula de la carrera (Licenciatura en Diseño Gráfico) ya implica hoy en día estar embebido de esta realidad.

Los que somos un poco más grandes, que nos recibimos en las primeras generaciones de ORT allá por fines de la década del ´90, tuvimos que adaptarnos. Personalmente debo confesar que por cierta ideología y/o incapacidad no me he adaptado del todo. Me considero un diseñador más "tradicional", si es que corresponde aplicar este término. Lo que muchos diseñadores de esa camada de treinta y pico de años hacemos es asociarnos con proveedores tecnológicos que por formación sí manejen estas nuevas tecnologías.

Además la tecnología genera nichos muy específicos, por ejemplo dentro del terreno de la tipografía: hay un campo poco explorado todavía que implica el manejo de las tecnologías de representación de las tipografías en pantalla. En ese campo el conocimiento en tipografía supone un 90% del total, es decir la variable tecnológica completa ese corpus dado por la tipografía tradicional. De todas maneras es un hecho que la realidad digital impregna cada vez más nuestro trabajo o, al menos, nuestras realidades comerciales, aunque siempre materias como Tipografía o Diseño estuvieron limitadas y potenciadas por el marco tecnológico.

¿Cuáles son las ventajas de su tipografía denominada "Económica"?

Su ventaja es el ahorro de espacio. Si vamos a una definición más técnica de su punto de partida: ahorra un 10% del espacio respecto de Myriad Pro condensada, manteniendo la altura de equis de una Helvetica condensada en un cuerpo dado, lo cual significa que es angosta manteniendo la altura básica de los signos. Además, en lo que se denomina lectura enciclopédica (es decir la lectura de un texto breve dentro de un texto más grande; o sea poder leer una palabra específica en una página de texto) mantiene muy buenos niveles de legibilidad. Entonces Económica permite ahorrar espacio sin perder legibilidad en ese contexto específico.

¿Qué significa para usted, ahora que ejerce como docente, el hecho que tipografías de graduados y estudiantes de ORT también hayan sido aceptadas por Google?

Sin duda es un hecho relevante. Quienes estamos interesados en tipografía nos hemos nucleado en la Sociedad Tipográfica de Montevideo (STM). Un espacio horizontal integrado por miembros de la comunidad de diseño ORT. Desde catedráticos hasta estudiantes, pasando por docentes y egresados. Poco después de que Económica fuera integrada a la biblioteca de web fonts de Google se comenzaron las gestiones para incluir más tipografías uruguayas en esta biblioteca. Tal es así que en breve se incorporarán Rufina, Clarina y Rambla, de Martín Sommaruga (graduado de la Licenciatura en Diseño Gráfico); Sedán de Sebastián Salazar (egresado); Fénix, de Fernando Díaz (graduado) y Gafata, de Lautaro Hourcade (graduado).

Sin dudas el hecho de que todos los miembros de la STM seamos de la comunidad ORT nos hace sentir que, como Escuela de Diseño, vamos por el buen camino en lo referente a Tipografía. Sin dudas en esta materia ORT —como comunidad— es lo más avanzado en Uruguay estando a la par de otras escuelas a nivel regional. Para no evadir la pregunta... claro que me enorgullece que algunos de mis ex alumnos tengan suceso en la disciplina tipográfica pero solo puedo sentirme satisfecho de haber ayudado a acercarlos a la materia: sus trabajos superan con mucho lo que yo pude enseñarles.

¿Qué recuerda de sus años de estudiante en ORT?

De mis años de estudiante recuerdo la sensación de innovación y creación que implicaban determinadas propuestas de los docentes. Esa cuota de sano estrés que generaban los obligatorios. Si bien en la actividad laboral diaria las entregas y la adaptación a nuevos problemas son una constante, la sensación que tenía de estudiante de depender nada más que de uno mismo, y la tranquilidad de que lo que estaba en riesgo era solamente el futuro de uno mismo (y no el de terceros como lo es en la vida profesional) permitía trabajar con otras perspectivas, tal vez más arriesgadas o, al menos, partiendo de lugares menos transitados.

¿Qué fue lo mejor que vivió como estudiante? ¿Y cuál fue el momento más difícil?

Tengo un recuerdo muy grato de las clases con Andrés Takach, mi docente de Diseño Editorial. Recuerdo que fue el quien me hizo pensar por primera vez en la belleza de las letras. Él nos decía que podía quedarse horas contemplando determinados detalles de una tipografía. Más allá de la materia que el dictó, nos regaló a todos los que hemos sido sus alumnos la noción de amor y entrega por una disciplina.

Recuerdo que al empezar el octavo semestre tuve algunas dudas respecto del futuro de mi profesión... concretamente temía por el futuro de los libros (a raíz del advenimiento de las nuevas tecnologías); en ese momento los catedráticos Marcos Larghero y Gustavo “Maca” Wojciechowski se reunieron conmigo y me tranquilizaron. Por cierto, gracias a los tres.

¿Qué es lo que más disfruta de ser docente?

Ser docente implica, a mi juicio, sobre todo un crecimiento personal constante. Para ser docente hay que tener la capacidad de escuchar todo el tiempo, de ser receptivo, comprensivo y motivador. Tener la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Implica poder visualizar una situación desde diversos ángulos. Conlleva, al menos en diseño, aceptar que no hay una única solución para determinada situación, esto quiere decir que tenemos que estar abiertos a aprender constantemente de los alumnos, y tener la capacidad de volcar ese aprendizaje en el futuro para potenciar, a su vez, a otros alumnos. Siempre he dicho —sin reparos— que quien más ha aprendido tipografía en mis clases he sido yo mismo.

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