“Me avisaron unos que estaban al lado: ‘sos vos’”

Hugo Millán, docente de la Licenciatura en Diseño de Modas, fue distinguido por su trabajo de vestuario y escenografía en el ballet de Hong Kong. El 20 de abril fue la ceremonia de los 20th Hong Kong Dance Awards donde El Corsario recibió los premios por Mejor escenografía y vestuario, Mejor Espectáculo y Mejor Producción.

Fecha: 14/05/2018

En setiembre de 2016, el Ballet de Hong Kong decidió contratarte para que diseñaras el vestuario de El Corsario. Eso implicó que partieras de cero, casi sin limitaciones presupuestales, para crear las prendas. En octubre se estrenó el ballet y hace una semana te premiaron por tu trabajo. ¿Cómo resumirías este año que pasó?

Es un proceso que viví con mucha adrenalina, con mucha tensión por los plazos de entrega, también por el entusiasmo, la novedad.

Ha sido un año muy intenso, no quiero decir “exitoso”; ha sido muy disfrutado por muchos, hay un montón de gente contenta, un equipo muy grande atrás, más allá de que lo que estaba nominado es el diseño, lo que se concreta es un espectáculo donde participó mucha gente.

Una institución como el ballet de Hong Kong contrató a alguien que no conocía, basándose en lo que decía la recomendación de Julio Bocca y de la coreógrafa Anna-Marie Holmes. Estaban muy contentos con este final porque tuvieron siete nominaciones con el espectáculo, cuatro vinculadas a mi trabajo.

Ha sido realmente un año lindo, simpático, de mucho afecto, de reconocimiento de la gente.

Si bien viajaste a supervisar la tarea, la mayor parte del trabajo fue a distancia. ¿Cómo te llevaste con eso?

El trabajo a distancia no es fácil, sobre todo cuando  hay detalles que no son mecánicos, que son de prueba, de proporción y de calce; no es lo mismo que una producción industrializada, que va una muestra y se hace un control. En esto no: dependés mucho del cuerpo, de quién lo va a usar. Por eso vas con mucho tiempo, unos 15, 18 días antes al montaje para hacer las pruebas y ajustar.

La escenografía, en cambio, sí se realizó en Uruguay: el ballet de Hong Kong le encargó 16 telones al Sodre, que fueron pintados a mano. Eso sí pudiste seguirlo de cerca.

Sí, paso a paso. Eso fue bárbaro porque podía corregir cosas. En el día a día vas viendo, vas controlando; a distancia hubiese sido muy complicado.

¿Cómo fue ver el ballet en escena?

Uno lo viene trabajando en los ensayos, lo vas viendo, se corta, empezás de vuelta. No ves la película por primera vez, la has visto fragmentada, has formado parte de las correcciones…

Es como un shock. Lo emocionante es cuando termina. Yo no podía evitar ver a los bailarines que habían bailado acá. Realmente fue fantástico. Muy buena gente, todos muy entusiasmados, muy agradecidos, fue muy lindo, emocionante.

Decías que en todo el proceso fueron pasando cosas que no esperabas. Tal vez la nominación era algo que no te esperabas.

Es que yo ni sabía que había un sistema de premiación. Nosotros recibimos un mail que nos avisaba que el Hong Kong Ballet había postulado su espectáculo, El Corsario, al premio de la danza de Hong Kong. Nos pidieron las fotos y el currículum actualizado. Después llegó la noticia de la nominación.

Fue como raro. Tan lejos, no sabía ni que existía… Entonces ahí tomé la decisión de ir. Dije, “me interesa estar ahí porque, como empresa, ellos apostaron a este trabajo y quedaron conformes”. Ellos estaban muy contentos de recibirnos, y más contentos después al ser premiados.

¿Conocías a los otros nominados?

Antes de ir estuve mirando qué tipo de obras eran. Hay una gran movida de danza en Hong Kong; Oriente tiene una tradición de danza muy fuerte y conviven un montón de espectáculos, tradicionales, nuevos, combinaciones de danza moderna y danza contemporánea. Era inevitable querer saber quiénes eran y por qué… eran nombres impronunciables.

Algo estuve mirando. Cosas más tecnológicas en algunos casos, vinculados mucho a la filmación y las imágenes, bien diferentes; espectáculos de una escala mucho más chica, de dos o tres bailarines en una dimensión bastante más acotada, en una superficie de cinco metros por cinco, cosas así. Un mundo de mucha imagen, pantallas, proyecciones, de diálogo de esa danza en espacio chico con una proyección, creando mundos; bien distinto.

Y El Corsario es un espectáculo donde las dimensiones son una caja de 10 x 10 x 10; muy grande como espectáculo y con mucha cantidad de gente dentro. Hay una dinámica mucho más grande, más compleja y más larga. Hay muchas combinaciones de cosas y, como resultado, el trabajo es interesante.

¿Cómo fue la premiación?

Al otro día de llegar era la ceremonia, tuve tiempo simplemente para sociabilizar un poco e ir a unos ensayos porque me interesaba ir, unos espectáculos que están investigando. Trabajan mucho con la tecnología, con la luz, con los sensores de movimiento.

La ceremonia se vino medio que sin anestesia, todo muy vertiginoso. Mi categoría era la segunda, o sea que dijeron el premio y ta, y te quedás sentado ahí, una hora y media más, deseando salir a festejar, pero imposible, ahí quietito. Además está el idioma, medio que no se entendía mucho, me avisaron unos que estaban al lado: ‘sos vos’. En el momento estás como aturdido, hay mucha confusión. Pero bueno, esta acá, se terminó.

¿Se terminó o empieza?

Es difícil. Esto que pasó es el resultado de las ondas expansivas del trabajo de Julio Bocca y de la venida de coreógrafos del exterior. Anne Marie Holmes es una coreógrafa canadiense que tiene una producción muy importante y que es requerida en todo el mundo. Ella tenía un trabajo en Hong Kong, justo había hecho esto acá y quedó conforme.

Si no viene alguien del otro lado del mundo a trabajar acá y ve el resultado, no es fácil que se repita esta experiencia.

Ellos quedaron muy contentos, ojalá se pueda trabajar de vuelta. También quedó el Sodre como un posible proveedor de otros trabajos que no tienen por qué ser hechos acá, sino diseñados por otra persona en otra parte del mundo; eso estaría bárbaro.

El 17 de mayo se reestrena El Corsario en el Auditorio del Sodre. ¿Es a raíz de todo esto?

No, estaba dentro de la programación. Justo coincidió, lo que ha sido una buena promoción. Igual ya había agotado entradas y quedó mucha gente con ganas de verlo, el público se renueva, hay mucho entusiasmo.

A mí no me gusta volver a verlo porque me pasa que empiezo a encontrar correcciones… En Hong Kong veía cosas y decía, “esto lo podemos ajustar” y se hizo. Correcciones cromáticas, de línea, de forma. Cuando llegué acá, dije, “quiero corregir algo en el vestuario porque allá lo hice así”… y después dije, “no; va a ser tal cual como el original, no vamos a corregir nada”.

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