Una periodista (casi) suelta en Irán

Cecilia Custodio en Irán. Foto: gentileza de Cecilia Custodio.

Cecilia Custodio recibió una invitación de la Embajada Iraní para visitar ese país que tanto le llama la atención. Pese al asombro y el susto de sus allegados, aceptó. Viajó con la misma idea que tenía la Embajada: “desmitificar al monstruo”, pero que le quitaran el pasaporte al llegar al hotel y que no le permitieran salir a pasear sola cambiaron un poco su perspectiva. Su experiencia la narró en 40.000 caracteres, en dos crónicas para el semanario Voces, y ahora prepara un artículo para Público de España y otro para el Washington Diplomat de Estados Unidos.

Fecha: 29/12/2011
Autor: Matilde Marti

Una extraña combinación estaba sucediendo: mujer-periodista-latina-uruguaya-sola en Irán.

¿Cuándo surge tu interés por Irán, por el Medio Oriente?

Hace muchos años que estoy con estudiando Susana Mangana (especialista en Mundo Árabe). Trato de especializarme en eso porque es una veta que me gusta mucho y veo que acá nadie la maneja muy bien. Susana sabe mucho, pero no es periodista. Y yo, al ser independiente, tengo que buscar una especialización para poder ofrecer.

A Irán viajás por una invitación de la Embajada. ¿Cómo se dio?

Hicieron la convocatoria porque están como cansados de esa imagen que hay en Occidente, que son los malos de la película; había como una intención de revertirlo, por eso invitaron prensa occidental.
Esa fue la idea original. En una segunda instancia, hicieron coincidir loa fecha con una feria de medios de prensa y no sé qué, en Tehran. Te daban el hotel, las comidas y los traslados al Centro de Convenciones, y si uno quería ir se tenía que pagar el pasaje. A mí me pareció una oportunidad bastante única porque, después me enteré, que no es fácil conseguir un visado para entrar en Irán, ni como turista ni como periodista.

Todo tipo de reacciones surgieron, desde los más apocalípticos: “¡Estás loca, qué vas a ir a hacer ahí!”; “¡Pero ahí hay terroristas, mirá si te explota una bomba!”; “¿Ahí no es donde a las mujeres las matan a pedradas? ¿Y vas a tener que taparte hasta los ojos?”; “¿Podés ir sola? ¿No te da miedo?”; “Vos estás loca ¿nunca podés ir a un lugar normal?”; “¡Esos árabes son tremendos, tené cuidado que capaz te quieren cambiar por un camello, como le pasó a Fulano en Marruecos!” (sin siquiera considerar que los iraníes no son árabes sino persas, pero eso ya es hilar fino)… y así.

Eso que decía la Embajada, de desmitificar la mala imagen, se nota bastante en la primera parte de la crónica, en los comentarios de tu familia, de tus amigos. Tu viaje los horrorizó.

Sí… A veces se pierde un poco la perspectiva: para mí no era un Cuco Irán, quizá por estar hace tanto tiempo estudiando su cultura de Medio Oriente. Pero sí me daba cuenta que realmente Occidente logró instalar de forma muy profunda los preconceptos que hay.
Si estás ahí comprobás qué tan cierto es lo que se dice, o no. El primer deseo que tenía era ir, ‘quiero estar en ese lugar que parece el peor del mundo, donde las mujeres poco más que por hablar con un hombre las cuelgan de la horca’, quería ver cómo era.

Foto: gentileza de Cecilia Custodio.Entre tus inquietudes estaba ver cómo es la vida de las mujeres allá.

Sí. Digamos que era la mayor inquietud porque es lo que se habla más.

Está como naturalizado, ¿no? Si uno no conoce nada, es de lo poco que sabe.

Sí, porque te parece tan atroz que uno dice: quiero ir y ver cómo es.
Entonces en parte mi idea centralizar todo en el tema de la mujer. Después no me salió tan bien.

¿Y con qué te encontraste? Hubo dos cosas que me llamaron la atención: decís que la revolución va a venir de la mano de las mujeres y, al hablar de las libertades, contás que no solo las mujeres tienen las libertades coartadas, sino que todos son menos libres, los hombres, las mujeres, los extranjeros…

Uno va con la idea de ‘pobres las mujeres, qué horribles, qué sometidas…’ y cuando llegás allá te das cuenta que las libertades están muy restringidas para todo el mundo.
Hoy en día no se puede mirar a Irán cómo lo muestran en las películas: Irán es un lugar enorme donde coexisten muchas etnias, es limítrofe con muchos países, entonces tienen diferentes costumbres, depende la zona que vayas… Te encontrás con gente que es mucho más radical y después ves gente que no, que ni es religiosa, ni le importa nada, que quiere tener una vida lo más normal posible, pero tampoco tienen una actitud de ‘ay, esto lo quiero cambiar’.

Más que quererlo cambiar se quieren ir.

De repente la opción es irse. Hay muchos casos de gente, más que nada de familias pudientes, que logran irse a estudiar afuera y después ya se quedan en otros lados. El problema -entre comillas, porque no es un problema, al contrario, es algo bueno- es que por el tipo de cultura -tanto la persa como la árabe- tienen mucho arraigo con su familia. Entonces, para un iraní no es tan fácil irse, ellos siempre prefieren estar rodeados de su familia.
Además hay otro problema: la falta de oportunidades para los jóvenes, el mismo problema que hay en todo Medio Oriente. La gente joven de Medio Oriente quiere trabajar en Medio Oriente, porque es su tierra, es su lugar y ellos le dan mucha importancia a eso.


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