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“Romper el viento para los que vendrán”

Palabras del Decano de la Facultad de Comunicación y Diseño, Ing. Eduardo Hipogrosso, con motivo de la primera edición de los Reconocimientos a la Creatividad y la Innovación, en el marco de los 25 años de la facultad.

Reconocimientos a la Creatividad y la Innovación 2019

Sra. Directora General, Prof. Charlotte de Grünberg, autoridades de asociaciones nacionales, colegas decanos y autoridades de la Universidad ORT Uruguay, académicos y profesionales de las industrias creativas, familiares y amigos todos.

Para aquellos que disfrutaron de la película Back to the future, los invito a ajustarse los cinturones, colocar la fecha del Delorean (el auto que viajaba al pasado y al futuro) a la década del 90, porque allá vamos.

Por aquel entonces, vivíamos una nueva etapa en el desarrollo de nuestra institución. Un mundo de disrupciones tecnológicas, diferente al de ahora, pero disruptivo para aquella época. Cuando en casi todas las empresas del país los cadetes iban y venían llevando expedientes, esquelas de una sección a otra, desde ORT manejábamos el mail como herramienta natural de comunicación. Y fue en esos años cuando la computación gráfica empezó, desde nuestra institución, a tomar una trascendencia cada vez mayor. Ese camino nos llevó a descubrir las necesidades de formación que no estaban atendidas en ciertos sectores, como el del Diseño.

Fue precisamente hace 25 años cuando nos propusimos el desarrollo de nuevas áreas del conocimiento: la Comunicación y el Diseño, que dieron lugar a la tercera facultad de ORT.

Todavía recuerdo cuando nos reunimos con la directora general y el hoy rector de la universidad, Dr. Jorge Grünberg, para hablar de una carrera que hasta ese momento no se conocía en nuestro país. Y como somos una organización que apostó siempre a liderar los esfuerzos en aquellos espacios en donde la formación hiciera la diferencia en nuestro país, nació en ORT la primer Licenciatura en Diseño Gráfico del Uruguay.

Desde su gestación, la Facultad de Comunicación y Diseño se propuso existir como una facultad creativa e innovadora. De entrada supimos que competíamos contra las vocaciones que los padres de los jóvenes conocían: las carreras tradicionales. A lo largo de estos años cuántas veces debimos explicar que Arquitectura y Licenciatura en Diseño Gráfico eran dos carreras del mismo nivel universitario. Cuántas veces debimos decirle a un padre y a una madre que estudiar una Licenciatura en Animación y Videojuegos no era venir a jugar a la universidad, o cuántas veces comentamos que la Licenciatura en Diseño de Modas es una de las carreras que demanda más esfuerzo y dedicación extra áulica de toda la universidad, por citar algunas de las situaciones propias de ser pioneros, por carecer de antecedentes a nivel nacional e inclusive en algunos casos a nivel regional.

Pero quiero contarles que la innovación educativa no viene sola: nos carga con mucha responsabilidad. No es posible pensar en innovar sin pensar en los escenarios del futuro para esos estudiantes. Por ello es que cada vez que lanzamos una nueva carrera, antes hemos recorrido un largo y auditado camino que nos ayuda a compartir certezas sobre los resultados de esa formación. Asesores profesionales, académicos y hasta especialistas internacionales. Todo el equipo de gestión de la facultad y los especialistas en educación y gestión de la universidad trabajamos para cerciorarnos que estamos en el camino correcto.

Cuando aparece una nueva opción de formación en el país es una gran oportunidad para aquellos que la toman y pueden liderar la creación de un mercado o de ocupar los mejores espacios que están vacantes: romper el viento para los que vendrán. Pero también es creer en la universidad, apostar por lo que nosotros hemos investigado como formación relevante y, sobre todo, manejar las ansiedades que supone ser los primeros. No los podemos defraudar. Ser responsables con la dedicación y el tiempo que se le destina a una carrera nos compromete a cumplir siempre.

En estos 25 años creamos 12 titulaciones universitarias, 12 titulaciones terciarias, 14 titulaciones técnicas y 2 postgrados. Y es en este último nivel a donde estamos apuntando nuestra creatividad en estos tiempos.

Han pasado 10.600 estudiantes por las aulas de la facultad, en carreras que hace 25 años no existían y que hoy no solo gozan de reconocimiento académico y profesional sino que, además, tienen un grado de empleabilidad en muchos casos superior a varias de las llamadas carreras tradicionales.

Acompañamos tendencias y visionamos necesidades de formación para crear mercados y formar profesionales uruguayos a la altura de los desafíos globales.

Por ejemplo, hoy podemos hablar de una industria de los videojuegos en Uruguay y con orgullo decir que estamos señalados por un informe del BID como uno de los factores clave que han hecho posible que la industria se desarrolle en nuestro país.

Y aquí quiero señalar un factor estratégico en la vida de nuestra facultad: los acuerdos de cooperación académica. Hay ciertas áreas en las que empezar de cero desde Uruguay y obtener el conocimiento que el país necesita para lograr los objetivos de formación proyectados supondría muchos años.

En esas áreas hay que extender los lazos y procurar acuerdos que nos ayuden a acortar los caminos. Si se trata de alianzas, hay que apuntar a buscar a los mejores. Uno de esos casos, precisamente en el área de Animación y Videojuegos, fue el acuerdo de cooperación académica que realizamos con el Instituto de Artes de California, más conocido como CalArts, fundado entre otros por los hermanos Roy y Walt Disney en la década del 60. Hablamos de una universidad prestigiosa como pocas en esas disciplinas, de donde se nutren las industrias creativas de Hollywood (por nombrar algunos, John Lasetter y Tim Burton están entre sus graduados). Y así fue que durante cinco años vivieron en Uruguay profesores de CalArts por semestre, bimestre, mes, quincena o semana, académicos y profesionales de Pixar, Cartoon Network, Marvel y Disney.

Pero como estas cosas no se logran en soledad, también es tiempo de agradecer a los que nos ayudaron a hacer posible que ocurran este tipo de singularidades como lo es un acuerdo único en América del Sur con CalArts. Allí estaban como el exembajador Frank Baxter, que supo creer en nosotros y presentarnos frente a las autoridades de CalArts para decirles que éramos la institución en América del Sur con la que tenían que hacer un acuerdo; o Pedro Baridón, un empresario que entiende que cuando se apoya a una universidad el resultado derrama en la sociedad entera.

Ser creíble, cumplir los objetivos, alcanzar las metas nos ha dado siempre los créditos que necesitamos para lograr diversos apoyos indispensables, asociados a los proyectos que presentamos a la sociedad. También fuimos pioneros en la instalación y el uso de las impresoras 3D; no solo aprovechamos el uso de la novel tecnología para los cursos de diseño de productos en diseño industrial, diseño de modas o animación, sino que brindamos cursos para otras carreras dentro y fuera de la universidad, así como para empresas que se iniciaron en el uso de la tecnología 3D en nuestro FabLab. También aquí debemos agradecer a la ANII que, muy atenta a lo que el proyecto de ORT propuso, supo entender lo que podría beneficiar a la comunidad profesional para avanzar en el uso de esta tecnología y nos apoyó para que logremos los objetivos.

Como se suele decir: sin equipo no se ganan los partidos. Y hoy puedo decir que siento un enorme orgullo de liderar un equipo comprometido de académicos de primer nivel. Además, nos sentimos apoyados por una dirección general y rectorado que nos otorgan libertad, al tiempo que nos cuestionan con responsabilidad los propósitos en cada una de las instancias que generamos innovación académica y profesional.

Desde allí tomamos los valores para hacer de la facultad un lugar de referencia nacional. No hubiéramos logrado los objetivos si no hubiéramos pensado en la pluralidad para integrar diversos puntos de vista, fomentando el respeto y la colaboración, buscando espacios de encuentro para potenciar la toma de decisiones.

Sentimos el compromiso de ser motores de cambio y de innovación de la sociedad, capaces de contribuir con creatividad y dinamismo a brindar soluciones de formación en donde —desde nuestra posición— podamos dar respuestas a los problemas que afectan a nuestro entorno.

Hemos tenido la visión de incorporar la tecnología para aplicarla a la formación antes que esta llegue a las empresas o a los usuarios finales. Pero el éxito que podemos haber logrado está basado en poder brindar a nuestra sociedad una educación de primer nivel, muy razonablemente personalizada, que ofrece igualar las oportunidades, combatiendo tanto desigualdades económicas, como discriminaciones de género, clase social, de origen étnico o racial, de orientación sexual y de diversidad funcional.

Llevamos en nuestro ADN la innovación y es allí hacia donde vamos; para ello, apuntamos a una educación creativa. Nos centramos en el alumno y en ubicarlo en la dirección hacia donde se presentan las oportunidades. Nadie puede darle certezas sobre el éxito que va a lograr en su vida, pero sí darle las herramientas con las que podrá buscarlo con muy buenas chances de alcanzarlo. Por ello, abrazamos una cultura que apuesta a buscar la excelencia, a ser innovadores desde el lugar que les toque actuar, a ser emprendedores sin tener miedo al fracaso. Porque el fracaso no se debe ver como una derrota, sino como un escalón en el camino de la mejora. Y sobre todo generar una cultura que admire la creación colectiva por medio de la colaboración. Lejos de vivir en un mundo de anacoretas, las nuevas generaciones se interconectan con más facilidad que nunca.

Hace poco estuve en una presentación en la que un grupo de nuestros estudiantes de Comunicación y Diseño participaron de un Desafío internacional para aportar ideas o soluciones prácticas a los inmigrantes, llamado Migration Challenge. Estos jóvenes, desde nuestro Media Lab, durante dos semanas intercambiaron ideas, experiencias, métodos y soluciones con estudiantes de universidades de Kyoto, Amsterdam, Texas y Milán. Más allá de los resultados, que me parecieron geniales por lo creativos y aplicables, me asombró la empatía general que existía entre todas las comunidades virtuales, porque parecían estudiantes de una misma clase de su propia universidad. Por eso debemos brindar los ambientes propicios —como en este caso fue el Media Lab— y establecer los vínculos con las mejores universidades del mundo, para que estos ecosistemas de talentos se reproduzcan.

Los uruguayos vivimos y disfrutamos el fútbol. A mí me encanta ver sobre todo al Barcelona y al PSG, ahora al Inter de Godín sobre todo porque Luis Suárez, Edison Cavani y Diego Godín son nuestros, nos apropiamos de ellos y, además, casi siempre son figuras estelares en cada partido destacándose en sus respectivos equipos. Metafóricamente hablando disfrutamos mucho más de lo que nuestros estudiantes y graduados logran en el exterior. Hace unos años en el marco del acuerdo con CalArts viajaron dos estudiantes a hacer un intercambio. Al poco tiempo nos enteramos que habían conformado un grupo con otros dos estudiantes de CalArts, lo habían liderado al punto de ser los presentadores del proyecto y habían ganado un concurso nacional en Estados Unidos para Unicef. Y por la cantidad de casos de esta naturaleza, no nos asombran los comentarios de los estudiantes que llegan de los intercambios del exterior con sus calificaciones nivel A, expresando que lograron estar en el percentil superior. Desde los que trabajan haciendo cine al lado de González Iñarritu, los que desarrollan series para Netflix, los que trabajan en el Washington Post, los que triunfan ganando premios de la publicidad en Cannes, los que diseñan joyas y prendas en varios países creando desde la moda y marcando tendencias, los que diseñan muebles o los que inventan aparatos para facilitar la vida de los diabéticos, etc, etc, etc. Podría pasar muchos minutos hablando de los logros de nuestros graduados. Sentimos en estas instancias un tremendo orgullo y eso nos potencia para llegar cada día recargados de energía a la facultad, para querer seguir haciendo más por nuestros jóvenes, porque sabemos que tenemos muchos Luchos Suárez de las industrias creativas en las formativas de la universidad.

La facultad crece y se fija nuevos objetivos. Las industrias creativas están en auge, las tecnologías de la información y la comunicación desafían a nuestras disciplinas y las potencian.

La realidad nos muestra que la formación es continua y que las carreras están en permanente transformación.

Para poder ser agentes activos en estas transiciones tenemos que estar cada vez más conectados con el mundo, con los ojos bien abiertos para absorber lo que está pasando, poder dar respuesta y construir soluciones de forma ágil, para adaptarnos a las nuevas necesidades que surgen. De esta forma nuestro proyecto académico se integró activamente y en forma bien temprana a la Federación de Facultades de Comunicación Social y hace poco también fuimos integrados como miembros plenos a Cumulus, la principal asociación mundial que nuclea las mejores universidades de Diseño, Arte y Media.

Nuestros estudiantes tienen la posibilidad de estudiar –merced a los acuerdos de intercambio internacional- en universidad de gran nivel en muchos países alrededor del mundo. Y estas generaciones, que son ciudadanos del mundo, aprovechan estas oportunidades, que no solo les dan experiencias académicas inolvidables sino que les despiertan un apetito profesional que los potencia en sus vidas.

Estamos en el camino de flexibilizar e interrelacionar cada vez más las propuestas educativas, de modo que los estudiantes puedan elegir los perfiles profesionales de sus carreras. Por eso no es raro ver a un Licenciado en Diseño Gráfico trabajando en producciones cinematográficas, o a un Licenciado en Comunicación Periodismo haciendo dirección de la comunicación institucional de una organización y, por qué no, pensar a nuestros comunicadores trabajando en robótica, en programación o en ciencias que hasta hace un tiempo estaban libradas a estudiantes que iniciaban otros caminos, pero desde la misma base.

Nunca perdemos de vista que las currículas deben estar alineadas a las necesidades del mercado de trabajo. Y es por esa razón que buscamos permanentemente integrar en nuestras redes a las empresas y al estado, porque la formación de capital humano no termina en los límites de las universidades, sino a través de otras experiencias complementarias adquiribles en la práctica laboral. Debemos promover el traspaso de los muros de la universidad con el fin de crear sinergias con la sociedad y así contribuir al bienestar y a la creación de valor.

No nos olvidamos que la responsabilidad de las universidades pasa por formar buenos ciudadanos, capaces de insertarse activamente en la sociedad.

Terminando de escribir estas líneas, existen unos 4.500 millones de internautas que acceden diariamente a internet, Wikipedia está alcanzando los 40 millones de artículos en más de 290 idiomas diferentes, Facebook posee un valor bursátil superior a los 500.000 millones de dólares, YouTube recibe más de quinientas horas de vídeos nuevos cada minuto y Google tiene autos autocomandados y confiesa que su área de Google Brain cruza transversalmente todos los proyectos importantes de la compañía.

Este nuevo mundo nos ofrecerá grandes oportunidades, pero al mismo tiempo nos compromete a correr una carrera continua entre educación y tecnología. La obsolescencia del conocimiento es tan rápida que nos demanda revisar los planes de formación cada día, mientras que a las personas las obliga a aprender a aprender durante toda su vida. Y también allí estaremos.

Nos sentimos pioneros y líderes en aquellos temas que nos son propios. Queremos seguir siendo el lugar de debate y de reflexión al servicio de la cultura, el lugar donde se fabriquen las ideas que ayuden a mejorar nuestra sociedad.

Cada vez más nos sentimos más comprometidos con el emprendimiento, porque es una salida creativa para aquellos que entienden que tienen un potencial para explotar que va más allá de lo que le puede ofrecer un empleo tradicional. Por ello debemos seguir incentivando los espacios de cocreación multidisciplinarios, porque de la suma de talentos distintos surgen los mejores resultados.

Como vimos el mundo cambió en estos 25 años y seguirá cambiando, obligándonos a estar permanentemente reinventándonos.

Y ahora que ya manejamos el Delorean y volvimos desde ese 2044 que serán los próximos 25 años, hay una cosa de la que estamos seguros: el futuro será mucho mejor de lo que pensamos.

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