“La actuación es un acto de amor”

Jorge Bolani (72), actor retirado de la Comedia Nacional desde hace casi tres años, recorre diferentes puntos de su carrera, la que no pretende abandonar.

Fecha: 20/04/2017
Autor: Nicole Descoueyte (Fuente y Palabra)

Años atrás, un niño de seis años se colaba en el teatro El Galpón. Observaba fascinado a los actores ensayar una y otra vez, encarnando los más variados personajes, en la intimidad de sus camarines, aplicándose maquillaje. Compartió emociones, presenció incontables historias y absorbió todo el proceso teatral, siempre en el lugar privilegiado de espectador diario.

Ese niño ha recorrido un trayecto teatral iniciado en su temprana juventud en el Anglo, actuando en el idioma que ama: el inglés. Ha robado miles de risas del público y hasta alguna lágrima. Recuerda que la pasión inició allí, con ese niño de escuela que, maravillado con el mundo del teatro desde su inocente lugar, aún no se daba cuenta de las grandes influencias que recibía comenzaban a ocupar un lugar fundamental en su vida.

Jorge Bolani transitó experiencias teatrales muy distintas: desde la lucha que es compartir el teatro con un trabajo administrativo, y al mismo tiempo hacerse cargo de una familia, hasta dedicarse exclusivamente al teatro y vivir únicamente de lo que ama. El Teatro Circular le permitió desarrollarse como actor y aprender qué implica solventarse por sí mismo, ya que es un teatro independiente; la Comedia Nacional paga un salario fijo a los actores: esa fue su oportunidad para dedicarse de lleno al teatro.

“En el teatro me siento como en mi casa. Todo el proceso teatral: aprender el libreto, armar los personajes, me hace sentir muy cómodo”.

Si bien su primera opción como profesión fue la odontología, la actuación terminó por “llevarlo de la nariz”, como él mismo reconoce. “Me hubiese gustado ser odontólogo. Charlo mucho con el mío, me encanta ir porque le pregunto cómo hace cada cosa. Pero la vida me llevó para otro lugar”, explica, recordando que por asuntos económicos debió abandonar su carrera en ciencias.

Quizás todos aquellos que lo conocen pueden nombrar un personaje diferente que ha interpretado a lo largo de su vida por el que más lo recuerdan. Ha realizado tantas obras que resulta difícil llevar la cuenta. “Colecciono libretos, los tengo guardados en un gran mueble”, dice entre risas. Están a la vista los premios que recibió por su labor dentro del teatro a lo largo de los años, en su apartamento de techos altos. El edificio en que vive parece detenido en el tiempo, con sus vitrales en los pasillos, las altas puertas y sus ascensores antiguos.

Para Bolani no es tarea fácil elegir a un solo personaje que lo haya marcado más dentro de ese gran repertorio de libretos. Son como sus hijos. Entiende el proceso de crear un personaje como la concepción de un hijo: se prepara y luego se manda al escenario. El cariño hacia cada personaje interpretado es ciego ante la personalidad del mismo en la historia. Sin embargo, piensa en algunos personajes y obras: Martín Santomé, protagonista de La Tregua; Meyerhold, protagonista de Variaciones Meyerhold; El viento entre los álamos, por su equilibrio entre comedia y emoción; Decadencia, por su cruda denuncia a todo lo contaminado del mundo.

Tantas obras, personajes diferentes y experiencias, ¿alcanza para erradicar los nervios previos a salir al escenario? Bolani da un no rotundo. “Los años de experiencia y oficio hacen que te pongas en otro lugar frente a los nervios. Pero son necesarios. (…) El actor está en peligro, un peligro en que tenés que estar muy atento a todo, y los nervios te mantienen alerta”, explica. Pero esos nervios son temporales, continúa, permanecen hasta que se levanta el telón o se apagan las luces: la obra comienza, y tu mundo es ese. Bolani se abstrae, ya nada importa, solamente el aquí y ahora. Dedica el 100% de su concentración y de su alma a encarnar a ese personaje.

“Si la historia es buena pero la actuación es mala, la obra se arruina. Porque el espectador percibe que es artificial. No provoca nada. La labor del actor es entrega, es un acto de amor”, dice Bolani acerca de la conexión con el público. Esa entrega, la concentración, el involucrarse y generar un compromiso emocional que permita un intercambio de emociones con los espectadores. Pero el actor no deja de reconocer que hoy día existen numerosos focos de atención. Y es trabajo del actor atrapar al espectador, tenerlo en el puño. Por supuesto, es muy común que, perdida entre la muchedumbre, se encienda una pantallita. “No hay invento que no se haya hecho para pedir que la gente apague los celulares. Siempre aparece alguno”.

Si bien Bolani es conocido por su actuación, también ha dirigido algunas obras, como por ejemplo Hay barullo en el resorte, en el Circular. “Hago dirección cuando una obra no me deja dormir. Es como un enamoramiento”. Actualmente lleva esta labor a otro nivel: actuar y dirigir en una misma obra, Flor nueva de antiguas risas. La misma consta de cinco cuentos de Fontanarrosa; y a pesar de ser una experiencia única, reconoce que no la repetiría nunca por el estrés que le produjo. “Le propuse a un colega que dirija los dos cuentos en los que yo actúo. No creo en la autodirección: necesitás a alguien que lo vea de afuera”.

Los horarios de un actor son de los aspectos más particulares en su vida: muchos ensayos en las noches y fines de semana reservados para la actuación. Es una situación difícil para sobrellevar junto con una familia, pero la pareja actual de Bolani vive esos desordenados horarios en carne propia. Paola Venditto, también actriz y su esposa desde 2010, ha trabajado con él en obras como Ángeles en América, La Tregua, y actualmente Flor nueva de antiguas risas.

Bolani remarcó la importancia de la profesionalidad a la hora del trabajo: dejar por fuera la relación de vida. “Yo soy muy payaso, y por lo general si es una escena de humor me enloquezco un poco. Pero ella me trae a tierra, me enseñó que todo tiene un límite. Es muy concentrada en lo que hace”, explica. En una pared de su apartamento se ve una foto de Paola en sus veintitantos, actuando en La grulla del crepúsculo; a su lado, un póster de George Harrison, a quien Bolani admira.

Si bien el actor dedica gran parte de su tiempo libre al teatro, también disfruta de otro tipo de espectáculos: los deportes. Reconoce que podría ver cualquier tipo de deporte, no solo fútbol y básquetbol. “A veces llega Paola a casa y yo estoy mirando hockey sobre hielo, y me pregunta ‘¿qué hacés viendo eso?’”, dice riendo. “Mis amigos tampoco entienden cómo me puede gustar ver tenis. Pero yo veo todo el espectáculo, a veces simplemente estoy mirando cómo están vestidos”. Los detalles atraen la atención de Bolani de una forma natural. “Colecciono la observación de la vida”. Es regla de oro para los actores: todos los detalles que se ven a diario son elementos potencialmente aplicables a personajes.

Las actividades que requieren coordinación y creación son los elementos que atrapan a Bolani. Por ejemplo los juegos de mesa, sobre todo los de cartas. Menciona juegos que quizás muchos ya hayan olvidado: la escoba de 15 y el robamontón. “Había un juego que de niño me encantaba, y que saldría a comprarlo ahora: el Mikado. Tiene una cosa de ingenio, de pulso, de observación y de cálculo que me encanta”.

Bolani expresa que, gracias al teatro, maduró mucho como ser humano, en parte porque pasar por un repertorio tan amplio y ecléctico de personajes le llevó a ser más comprensivo.

“Trabajamos con el alma humana. El teatro es el placer del encuentro, es intercambio. Es una creación colectiva”.

El actor construyó una familia en cada lugar en que hizo lo que ama. El teatro tiene algo de hermandad, significa colaboración con el otro, sin importar las diferencias.

Jorge Bolani, con toda una vida de experiencias entre medio, sigue teniendo algo de ese observador niño de escuela que se sentía deslumbrado con el teatro. Dedicó su alma entera al teatro y continuará haciéndolo. El teatro corre por sus venas.

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Nicole Descoueyte

twitter.com/nicoledesc7

fuenteypalabra.blogspot.com.uy

Montevideo, 1996. Estudiante de la Licenciatura en Comunicación orientación Periodismo.

Empezó la Licenciatura en Comunicación con la cabeza fija en seguir Publicidad, pero al avanzar en la carrera se dio cuenta que la escritura es su campo, por eso eligió Periodismo. Interesada sobre todo el en área cultural y social, le gustaría combinar el arte con el Periodismo y seguir desarrollando su lado creativo.

Escribe para el blog Fuente y Palabra, un proyecto compartido con sus compañeros de Periodismo, donde se publican desde noticias hasta entrevistas de distintas temáticas.

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