“Acá tocamos por la emoción”

Entrevista a Nico Román, de Los Prolijos.

Fecha: 29/06/2017
Autor: Tomás Gaeta (Fuente y Palabra)

Es curioso leer sobre el primer acercamiento de un músico a la música. Nicolás Román empezó con una guitarra criolla que, como muchas, andaba por ahí en su casa con las cuerdas ásperas y oxidadas. Su madre sabía cuatro acordes: Nicolás pidió que se los enseñara para poder tocar lo que él escuchaba en la radio y en la tele. Allá a mediados de los 90’ se formó una banda de amigos del barrio. Quiso tocar la guitarra, pero la banda ya tenía guitarrista: “bajo es lo que nos falta”, le dijo uno de los pibes. Bajo será. Nunca había tenido uno en sus manos, se lo alquilaron por veinte pesos para usarlo durante un ensayo. Con el bajo enchufado a todo volumen, Nicolás golpeó sin querer el mástil del instrumento, generando un ruido que le retumbó en todo el cuerpo. Más que asustarlo, el cimbronazo le hizo saber que empezaba una larga relación musical que sigue hasta estos días. La “experiencia sónica”, como él la llama, sería la primera de muchas que lo acompañarían durante toda su vida.

Nico Román forma parte de la banda uruguaya Los Prolijos, integrada por Fede Graña, Gonzalo Redín, Juan Pablo Aguirre y Pablo Massaferro. Al igual que sus compañeros, a Nicolás se lo ve sonriendo en muchos de sus vídeos, como si cada acorde que tocase lo hiciera más feliz que el anterior. En el último disco de Los Prolijos —Rústico (2016)— no es Federico sino Nicolás quien encara la voz principal de las canciones.

“Cuando le preguntaban a Fede [Graña] qué se sentía cantar y ser el frontman de la banda, siempre respondía: ‘no yo no canto, el que canta acá es el negro’. Yo siempre canté, de guacho tocaba el bajo y cantaba. En mi casa se escuchaba mucha música, distinta y variada; mi vieja es directora de coro y cantaba ahí; cantaba en la iglesia, mis tíos escuchaban desde Marley hasta Blades. Así que para mi era normal. La gente por lo general te pregunta ‘¿pah, cómo hacés para tocar y cantar al mismo tiempo?’. En el bajo tenés que andar muy claro con el tema del tiempo, porque estás tocando una melodía y cantando otra, pero para mí no fue raro.”

Cantar siempre fue, gracias a dios, un don. Nunca fue un problema.

Mantiene un perfil bajo a pesar de ser un autodidacta en lo que respecta al contrabajo, la guitarra, el bajo y el canto. Cuando Jorge Nasser le pidió para tocar el contrabajo con él, Nicolás recuerda entre risas haberle reiterado que “no tocaba en serio”. Pero algo convenció a Nasser, que insistió. Hoy tocan juntos y han recorrido el país dando diferentes shows. Fue tocando con él que se dio cuenta de la demanda de cultura que el interior tiene, así como una oferta musical que los montevideanos se pierden. “En interior te pasa que ves toda la gente que hay y no podés creer: ¡todo el mundo se está perdiendo esto!”.

Tocó en España, en Estados Unidos, en Argentina, pero “conquistar el interior” con la alegría de un quinteto prolijo es su meta actual. “Hay un cable entre Montevideo y el interior que se rompió. Me ha pasado de ir con otras bandas al interior y que me digan ‘¡eh, prolijo!’ varias veces. Vos decís: ‘¡puta madre, tenemos que venir a tocar acá, para esta gente!’, así que lo tenemos como meta, aunque no es tan fácil: no es agarrar un auto y salir. Nos gusta que suene bien y nos tenemos que sentir bien, la gente tiene que sentirse cómoda”.

Por momentos recuerda a esos cantantes brasileños como Chico Buarque, que encaran el micrófono con cariño y confianza, como si le estuvieran contando un secreto. Pero ante todo, Nicolás Román no es nadie más que el mismo. “Nos dieron esto gratis”, me dice mientras se señala la garganta, “¿y no lo vas a usar? En Los Prolijos somos cinco, si uno no canta se va”, agrega riéndose.

“Somos buenos pa’ eso [para la música], somos todos artistas y siempre tocamos, lo hacemos justamente por amor al arte, porque este país no permite otra cosa. Cuando salimos por el mundo y nos quieren pagar no sé qué plata por nuestro arte, no lo podemos creer, y ellos no pueden creer que nosotros seamos tan buenos. Tocamos para emocionarnos, simplemente, no para ganar plata.”

Como un capítulo repetido volvemos a escuchar una realidad que no nos es ajena. “En otro lado capaz que no pasa; nosotros porque acá tocamos por la emoción. Cuando vas a otro lado te ven y te dicen que sos un crack. Es lo que vos hiciste siempre, la diferencia es que te pagan de otra manera, consideran que lo que vos estás haciendo es importante para la sociedad. Es importante que yo salga un día y vos me hagas sentir algo; que me hagas sentir amor, dolor o que me hagas sentir algo, porque después voy para mi laburo y capaz que es una picadora de carne. Te dicen ‘gracias’. Acá no pasa eso.”

“Una cosa rara de Uruguay es que todos somos artistas; vos viniste a entrevistarme con una guitarra. Pero es así, todos somos artistas, el que no toca, baila, el que no baila pinta, y el que no pinta, escribe. Todos somos artistas en este bendito país, lo cual habla muy bien de nosotros. Pero tenemos los males del artista también: `aquel no lo voy a ir a verlo, si aquel vive a dos cuadras de casa: ¿voy a pagar doscientos mangos para ir a ver a este muerto, si lo veo todos los días?´ Andá. ¿Si no vas a verlo a él a quién vas a ir a ver? ¿A Paul McCartney? Paul McCartney ya la tiene, ayudá al de acá a la vuelta. Estaría bueno que nos dignáramos a vernos”.

Tras criticar al espectador uruguayo promedio, Nicolás respira hondo y espera que le haga otra pregunta. Sobre este tema, le comento que en una entrevista previa con la cantante Mariana Lucía me dijo que existe una gran oferta artística para un mercado muy pequeño como el nuestro, que por más que yo quiera ir todos los días a ver músicos no me daría el tiempo. Como si ya tuviera la respuesta preparada, Román me responde: “claro, pero si vos no salís el sábado capaz que salgo yo, ¿me entendés? [...] Si somos todos artistas, apoyémonos entre nosotros: ¡compremos las entradas, mirémosnos!. Te digo más, algo que es sano, critiquémosnos. Me decís, `pa lo que hacés es un cagada´. Y bueno capaz algo aprendo de eso”.

Al terminar la frase, Nicolás se queda en silencio, pensativo. Le comento que, a pesar de todo, lo veo muy optimista con la situación, con el presente y con el futuro.

¿Cómo no voy a tener ganas de hacer cosas? Tengo ganas de ir al interior, de tocar, de grabar. ¿Cómo no voy a ser optimista si está todo para hacer?

Este artículo fue publicado originalmente en el blog Fuente y Palabra, un proyecto compartido por estudiantes de Periodismo, donde se publican desde noticias hasta entrevistas de distintas temáticas.

 

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Tomás Gaeta

twitter.com/TomiGaeta

fuenteypalabra.blogspot.com.uy

Montevideo, 1996. Estudiante de la Licenciatura en Comunicación orientación Periodismo.

Entró a la carrera con la idea de que le pudiera brindar el espacio para desarrollara todas las cosas que le gustan: fotografía, escritura, dibujo, música. Pensó hacer Audiovisual porque siempre le gustaron los documentales y la problemática de cómo retratar la realidad. A mediados del Ciclo Básico se dio cuenta que quería hacer periodismo, interesado en hacer entrevistas y trabajar en varios géneros periodísticos híbridos, como el perfil, el reportaje y la crónica.

Es cofundador y escritor de Fuente y Palabra, un proyecto compartido con sus compañeros de Periodismo, donde se publican desde noticias hasta entrevistas de distintas temáticas.

Es músico. Realizó, en dos ocasiones, la banda sonora para proyectos audiovisuales de la productora Perpetuo. También integra la banda uruguaya de folk acústica Tom Chris & Tom.

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